Los pueblos pueden derrocar a sus gobernantes cuando se cansan de ellos. No importa si es el zar de Rusia o el secretario general de un partido comunista; como sucedió en Rumanía donde Nicolae Ceacescu terminó fusilado. El escritor cubano Alejo Carpentier narra en este capítulo de su novela El reino de este mundo la caída del rey haitiano Henri Christophe I. Damos continuidad a la sección cultural dominical donde la semana pasada publicamos el poema de Evgueni Evtushenko Adiós Bandera Roja . El domingo siguiente, a la puesta del sol, Henri Christophe tuvo la impresión de que sus rodillas, sus brazos, aun entumecidos, responderían a un gran esfuerzo de voluntad. Dando pesadas vueltas para salir de la cama, dejó caer sus pies al suelo, quedando, como quebrado de cintura, de media espalda sobre el lecho. Su lacayo Solimán lo ayudó a enderezarse. Entonces el rey pudo andar hasta la ventana, con pasos medidos, como un gran autómata. Llamadas por el servidor, la reina y las princ...
Contra la restauración capitalista en Cuba y por la Revolución Mundial